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Etica para gerentes

Bernardo Kliksberg

Director de la Iniciativa Interamericana de Capital Social, Etica y Desarrollo (BID-Noruega)
Autor del best seller "Más ética, más desarrollo" (Temas, 2004)

Colaboración Especial para ConectaRSE y El Nuevo Día

Washington. La Business Round Table que reúne a 150 CEOS de empresas americanas líderes termina de crear un Centro para educar en ética empresarial a los futuros ejecutivos. Harvard ha incorporado al currículum de su Master en Gerencia un curso obligatorio sobre ética corporativa. Su titular Bill George exitoso empresario explica que "Creemos fuertemente que los líderes empresariales del futuro tienen mucho que ganar de discusiones intensas sobre las cuestiones éticas". La Wharton School de Pennsylvania creó un Doctorado nuevo en ética empresarial. La Universidad de California, abrió un Centro de responsabilidad empresarial. El programa pide a los estudiantes visitar a ejecutivos encarcelados. Pittsburg University prefiere enseñar ética en cada materia. El Decano de su MBA F. Winter dice: "Tener un curso separado de ética es como decirle a los estudiante que pueden actuar mal durante la semana, si van la iglesia el Domingo". Amitai Etzioni Profesor Emérito de George Washington University dice que "La mayor parte del tiempo el mensaje a los estudiantes ha sido: encuentre un buen abogado para que pueda justificar lo que está haciendo". Hay un consenso creciente en que la formación gerencial debe reforzar la débil preparación ética actual. Un estudio del Aspen Institute sobre 1700 graduados gerenciales encontró que sólo el 22% decía que los han formado adecuadamente para manejar valores en conflicto.

Detrás del reconocimiento de la crisis ética de la educación gerencial hay factores concretos. Uno es el impacto de los recientes episodios de corrupción corporativa. Enron, Parlamat, WordlCom, Tyco, y otros, implican una aguda perversión de valores. Enron era la 7ma. empresa de los EEUU. Entre otras maniobras en el 2000-1 manipuló los mercados eléctricos para intensificar la crisis de energía de California. En grabaciones de conversaciones entre sus ejecutivos al respecto uno comenta a otro con absoluto cinismo: "Quiero ver cuanto daño y dolor de cabeza le va a causar esto a la Compañía de electricidad de Nevada. Hoy estoy en ánimo de embromar a la gente".

Junto a ello hay otras fuertes demandas por cambios éticos. Sociedades civiles cada vez más activas exigen a las empresas respeto estricto a las leyes laborales, erradicación de discriminaciones, eliminación del trabajo infantil, cuidado del medio ambiente, precios justos, e involucramiento en proyectos de interés colectivo. Bélgica, Dinamarca, Francia, los Países Bajos, Finlandia, Suiza y el Reino Unido entre otros han dictado recientemente leyes relacionadas con responsabilidad social empresarial.

También los mercados lo exigen. Un estudio internacional del Boston College encontró que el 66% de los consumidores basan su opinión sobre las empresas en su comportamiento social, y el 40% hizo o consideró hacer un boicot a compañías irresponsables. Según el New York Times en EEUU hay un nuevo consumidor que "pretende que la fabricación de los productos que compra no ocasione daños al sistema ecológico ni abuse del trabajo infantil ni de la mano de obra barata". Es ya un tercio de la población. Asimismo están creciendo los Fondos de Inversión dedicados a empresas socialmente responsables. El nivel ético de la empresa está resultando clave para la competitividad.

Incide también en la moral de trabajo. En una reciente encuesta dos terceras partes de los ejecutivos ingleses buscan en su trabajo "que tenga significado", que sea socialmente útil.

América Latina es una región donde este tema tiene la más alta relevancia. Las decisiones empresariales impactan a todos. Frente a los agudos problemas de pobreza (casi la mitad de la población) y de inequidad (la peor del planeta) una ciudadanía cada vez más presente está exigiendo ética a los Gobiernos, y a los actores sociales.

 Si bien hay experiencias relevantes en varios países, la región está a gran distancia de los avances internacionales. Así las cifras de filantropía empresarial son muy reducidas proporcionalmente a las de los países desarrollados, la adopción de políticas orgánicas de responsabilidad social, y el establecimiento de unidades internas en las empresas para ejecutarlas ha sido muy limitada, la educación ético gerencial está en sus inicios, e incluso en diversos países ni siquiera la idea de la empresa éticamente responsable ha sido del todo aceptada por algunos núcleos empresariales. Contrasta la situación de la mayor parte de la región con experiencias de avanzada como entre otras las del Instituto Ethos en Brasil dedicado a la promoción de la responsabilidad social empresarial, y la del empresariado de Minas Gerais, estado donde el 80% de sus empresas industriales hacen alguna acción social, y el 42% de ellas apoyan la participación voluntaria de sus empleados en proyectos de interés para la comunidad.

Hay actualmente en América Latina y en otras regiones una "sed de ética". Sociedades muy castigadas por experiencias antitéticas exigen altos standards de ética en las políticas públicas, y también en los altos niveles corporativos. Perciben que ello es crucial para el futuro colectivo. La idea no es en realidad del todo nueva. Ya el texto bíblico exigía a los propietarios lo que contemporáneamente la Iglesia Católica llamó la función social de la propiedad. Urge educar a las nuevas generaciones de líderes empresariales en las implicancias éticas profundas de su actividad y decisiones.